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jueves, 9 de septiembre de 2010

Verano


Verano. Domingo. Nada que hacer. Me estoy asando. ¿Y si voy a por un vaso de agua fresquito? Iré. Voy. Fui. Estaba fresquito, como supuse. ¿Y ahora? Me recuesto en el sofá. La tele no funciona. No echarían nada, de todas formas. Series infantiles, telenovelas venezolanas, películas sobre el lejano oeste. Nah de nah. Podría ir a… Mierda, que está todo cerrado. Afuera hace calor, pero tengo ganas de salir. Quiero salir. NECESITO salir. Me peino un poco, me maquillo y ya estoy fuera. Mi coche rojo está aparcado justo delante de mí. Llevo las llaves en un bolsillo. ¿Por qué no? Monto. No sé adónde ir, pero yo arranco. Conduciendo por la ciudad, no se ve un alma. Ni siquiera los bares están abiertos. ¿Dónde coño se mete todo el mundo? Dondequiera que sea, tienen que estar muy apretados. Yo sigo conduciendo. Sin música, la olvidé en casa. Sólo se oye el calor. Sí, hace tanto calor que hasta de oye. ¡Mira! Un perro. Dios, es el único animal que veo en todo el día. Bueno, pero yo sigo. Me meto por carreteras que salen de la ciudad. Sigo sin saber adónde voy. Ha dejado de haber edificios. Sólo se ven a lo lejos. Más lejos. Más lejos. Cada vez más lejos. Pongo un casete que había en la guantera. Música de los años 60. Como si me tocara la lotería. Sigo conduciendo. Ya no se ven edificios. Sólo se ven… campos. Naranjas. Muy naranjas. Demasiado, quizás. Empieza a darme miedo lo naranja que es todo por aquí. ¿Dónde estoy? Qué más da. ¡Ooh! Un árbol. Acelero. Ya no se ve el árbol. Ahora empieza a haber arbustos. Bien, parece que todo deja de ser tan naranja. Veo algo verde a lo lejos. Acelero un poco más. Vaya, es un descampado. ¿Y si paro? Pararé. Bien, ya estoy en el descampado. Dios, es la primera vez que noto el viento fresco en mucho tiempo. Aquí parece que uno se olvida de las estaciones. Ni verano, ni primavera… Qué bien se está aquí, en el suelo…

Me he dormido. No sé qué hora es, pero empieza a anochecer. Creo que voy a volver para casa. Mañana ya vuelven mis amigos. No tengo por qué volver hasta aquí.

martes, 3 de agosto de 2010

Cumpleaños

Hoy, amigos míos, estoy aquí para daros una buena noticia. Cumplo un año. Sí, ya sé que nací en 1996 y estamos en 2010, pero mi Yo comprendido, mi Yo feliz, mi Yo real, mi Yo completo… cumple hoy un año. Porque hace 365 días exactamente, comenzó mi vida. Sé que sin este último año, seguiría sin ser nada. Una persona más que busca, no siempre con éxito, algo a lo que aferrarse para sobrevivir. Pero vosotras habéis hecho que me sienta importante (y muy, muy afortunada), ya que sé que gente como vosotras sólo se encuentra (si tienes muuuuuuuucha suerte) una vez en la vida.Así pues, a partir de ahora tengo dos cumpleaños. El biológico, y el verdadero.Madre mía, hay tantas cosas que quiero decir. Haría un comentario por cada cosa que hemos compartido, porque aunque parezca que un año es poco, han sido muchas las cosas que creo que hemos vivido juntas. Por supuesto que habrá cosas que ya hemos olvidado, y otras que olvidaremos en breve, pero hay otras, que puede que queden en nuestra memoria para siempre.Pero ¿sabéis qué? No voy a decirlo todo de esta vez. Pues no, fíjate tú. No es porque sea vaga, que también, sino porque si lo digo todo ahora, ¿qué diré cuando cumpla 2 años? ¿Y tres? ¿Y cuatro, cinco, seis…? Porque sí, espero que dure muchos más años. Muchos, muchísimos. Tantos, que olvidemos cuándo cumplí el primero. Y aunque sea una pena, creedme si sigo que me dará igual, porque lo importante será que continúe la amistad. Creo que sólo me queda una cosa por decir, y es: Gracias. Sí, gracias por haberme hecho la persona más feliz y afortunada del mundo. Por haberme hecho pasar el mejor verano, otoño, invierno, primavera y parte del siguiente verano de mi vida. Y por estar ahí. Muchísimas gracias. Os quiero, chicas.