lunes, 4 de abril de 2011

Es y no es

No es la edad que tienes. No es cuánto mides. No es cuánto dinero tienes. No es a qué te dedicas. No es cuántos amigos tienes. No es a qué hora te levantas. No es cuánto vale tu ropa. Ni tus zapatos. Ni tu casa. No es las parejas que has tenido. Ni las que tendrás. No es la nota que obtienes en tus exámenes. No es cuánto comes casa día. No es cuánto minutos tardes. No es el número de páginas de un libro. No son los segundos que dura.
Es a qué hueles. Es el timbre de tu voz. Es cómo suena tu risa. Es el color de tu pelo. Es tu sonrisa al ver aquello que te apasiona. Es el rubor de tus mejillas. Es lo que te gusta y te sientes orgulloso. Es lo que te gusta y no le dices a nadie. Es tus secretos. Es aquello por lo que te conocen. Es tus recuerdos. Es aquello por lo que lloras. Es lo que más te hace reír. Es lo que odias.
La vida no es orden. Tú no eres números. Tú eres tú.

lunes, 7 de marzo de 2011

Historias.

Todo un mundo inmenso a rebosar de historias, plantas, personas y demás cosas. Infinitos mundos que puedas crear a rebosar de todavía más infinitas historias sobre todavía más cosas. Todo un teclado con prácticamente todos los signos, números y letras existentes en mi idioma. La imaginación humana, absolutamente increíble e inacabable...
Pero si la inspiración está ausente... Olvídate de ponerte a escribir.

domingo, 6 de febrero de 2011

Puedes comenzar a vomitar arco írises


Hoy, creo que encuentro el mundo con más colores de los habituales. Después de una noche a oscuras y sueños color verde-vidrio, la luz de la mañana es inusualmente radiante. ¿Será que la primavera está cerca, o que soy yo la está más feliz? Bueno, creo que eso me da igual. Cuando te gusta tanto imaginar y soñar, que tu día sea como un sueño con olor y tacto a nube de azúcar te hace olvidar ligeramente las leyes de la realidad.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Buen tiempo


Ya era otro día. Eso era lo que me anunciaba el despertador. Qué odioso objeto.
Me quité las sábanas y mantas de encima con fuerza, y al levantarme de golpe sentí un mareo. Tanteando en la oscuridad, me puse las zapatillas y fui hasta la ventana a subir la persiana. Cuál fue mi sorpresa al descubrir el maravilloso día que se me presentaba. El tiempo era insuperable.
Con la alegría de descubrir aquel buen tiempo, fui hasta la cocina y me serví mi habitual bol de cereales y leche. No encendí la televisión, sino que miré por la ventana, apreciando una suave brisilla que se colaba entre el borde de la ventana y la pared.
Había cambiado mi visión del día. Ahora era mucho mejor.
Después de dejar el bol en el fregadero (ya lo lavaría), me dirigí a mi habitación, donde me vestí y preparé mis cosas para irme a trabajar. Luego salí, cerrando la puerta con llave. Al llegar al portal, respiré hondo, miré al cielo y sonreí. Llovía.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Por ti, podría.

Podría hacer un caminito de pétalos de rosas desde donde estuvieras, hasta donde yo te esperase, y pedirte que lo cruzaras para que a éste se lo llevase el viento y no pudieras volver. Podría dejarlo todo, y fugarme contigo a Noruega. Podría dormir mil años si mi cama conservase tu olor. Podría escribir una novela utilizando sólo las letras de tu nombre. Podría superar todas mis fobias si con eso consiguiera recibir un beso tuyo. Podría no volver a escuchar una sola nota musical si aún puedo seguir escuchando tu voz. Podría quedarme ciega si aún pudiese seguir notando tu tacto. Podría llorar continuamente de felicidad si pienso en lo feliz que me haces. Podría morir ahora y no me importaría. Podría hacerlo todo. Por ti, podría. Pero sé, que te basta con que yo te quiera. Y ¿sabes? Lo hago.

jueves, 28 de octubre de 2010

Cuando dejas volar la imaginación... salen cosas así.


Por un instante, descubrió su verdadera memoria, galopando por pequeñas praderas de riegos interminables.
-¡Corred, huid!- dijo el tío Albert.
-¡Pero nos matarán! -contestó el tío Albert.
Y así fue


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Como si de un trotamundos se tratase, la pequeña Dorothy temblaba y amargaba la existencia de un cuervo blanco que sobrevolaba el tresillo. No es más cierto que estaba harto, pero no tenía más opción.



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Hablaba, hablaba, hablaba, pero a la vez no decía nada. El joven estaba un tanto hasta las narices de aquella mujer, y cuando así se lo hizo saber (-Uganda, hablas, hablas, hablas y no dices nada. Estoy un tanto hasta las narices.) ella le contestó algo que lo dejó estupefacto (-Lo mismo pienso yo de ti. ¿A que no te habías dado cuenta?)


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-Sólo una vez más cariño.
-¡Ya te he dicho que sí!
-Por favor, amor, dime que sí.



Necesitaba escribir algo.